Curiosa es nuestra situación de seres en la tierra. Nacemos y no sabemos con qué fin, aunque a veces creemos presentirlo. Ante la vida cotidiana no es necesario reflexionar demasiado: Estamos para los demás. Sobre todo para aquellos de cuya sonrisa y bienestar depende nuestra felicidad, pero también para tantos desconocidos a cuyo destino nos vincula una simpatía, por el hecho de ser seres humanos.
Todo empezó a finales de septiembre de 2020; era lunes, con un clima normal, aunque para nosotros especialmente caluroso por los nervios… y las mascarillas. ¿Quién no se sintió perdido, extraño y confuso al buscar el aula donde teníamos una silla reservada para empezar este gran viaje? Un viaje cargado de enseñanzas… Inauguramos un plan de estudios diferente y con él empezamos a descubrir en qué nos habíamos metido… Clases de TBE, HL, OAD, FOL, PP…; al principio, hasta las siglas de las asignaturas costaba aprender.
Cada módulo exigía de nosotros mucha dedicación y responsabilidad, pues en nuestras manos estarán puestas la salud y la vida de muchas personas. Sabíamos que para obtener este gran logro era necesario sacrificar una parte de nuestras vidas, dejar un poquito por momentos, familia, amigos, diversiones…; cambiarlas por apuntes, ordenador, disciplina, puntualidad; pero inspirados siempre por las ganas de ir avanzando en nuestro aprendizaje y enamorándonos cada día más de lo que representa esta profesión. Sin duda, ha merecido la pena.
Sería imposible encerrar en unas líneas todo lo acontecido, pero como una imagen vale más que mil palabras, aquí les mostramos algunos de los momentos más felices de nuestro final del camino como futuros Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería.







